Crónicas de la añada 2024 en La Manchuela: sequía, granizo y la resiliencia del viñedo

Hablar de una añada nunca es solo hablar de vino. Es hablar de clima, de tierra, de decisiones difíciles y, sobre todo, de personas. En Bodegas Gratias, la añada 2024 vuelve a recordarnos que hacer vino hoy es un ejercicio constante de adaptación y coherencia con nuestros valores.

Una continuidad marcada por el clima

Después de una añada 2023 duramente castigada por la gran granizada de Villatoya y una sequía persistente, 2024 no ha sido muy distinta en términos de pluviometría. La falta de lluvias generalizada sigue siendo una realidad en La Manchuela y, cuando el agua llega, lo hace de forma violenta: tormentas intensas, descargas concentradas y, demasiadas veces, acompañadas de granizo.

El llamado cambio climático ya no es una idea abstracta. Es una presión diaria que lleva a los agricultores al límite de su resiliencia física y emocional.

Lluvias en el momento justo

Aun así, esta añada nos deja motivos para la esperanza. Aunque el volumen total de lluvia fue similar al de 2023, las precipitaciones llegaron en momentos clave del ciclo del viñedo: brotación, cuajado y maduración. Gracias a ello, las uvas que lograron esquivar la piedra ofrecieron una calidad notable, equilibradas y expresivas.

Esto nos ha permitido elaborar casi todas las referencias de Gratias, algo que no siempre está garantizado en un contexto climático tan extremo. El viñedo mostró un vigor contenido, justo, pero suficiente para mirar con optimismo hacia la poda de 2025, donde confiamos en recuperar fuerza si el año viene más húmedo.

Viñas de mezcla y patrimonio en peligro

La añada 2024 también ha vuelto a subrayar la importancia del proyecto ¿Y tú de quién eres?, con el que trabajamos para recuperar parcelas históricas de mezcla y variedades en peligro de extinción. Este año vivimos con tristeza cómo una viña de mezcla que habíamos cuidado durante varias campañas, y que finalmente dejamos de vendimiar por desacuerdos con la propiedad, fue arrancada y sustituida por cereal.

Es el día a día de nuestro campo: legados vitícolas únicos que desaparecen por falta de rentabilidad. Una pérdida silenciosa que empobrece el territorio y su identidad.

Tardana en Villatoya: reconstruir desde cero

Especialmente duro ha sido el trabajo en las parcelas de Tardana de Villatoya, devastadas tras la catastrófica granizada del año anterior. Tocó podar a ciega, sin potencial productivo, con todos los sarmientos destrozados; reconstruir ribazos arrasados por el agua; arrancar cepas muertas por los impactos del hielo.

Y, quizá lo más difícil, sobreponerse emocionalmente al ver nuestras viñas heridas, año tras año. Porque hacer vino también es convivir con esa tristeza y seguir adelante.

Nuevas ilusiones

No todo ha sido resistencia. La añada 2024 quedará también en nuestra memoria por la compra de una nueva parcela de Bobal en el paraje de La Castellana, en Alborea, una viña que estamos convencidos de que nos dará muchas alegrías en el futuro. Y por esos pequeños momentos que lo equilibran todo: un inicio de verano celebrado, una vendimia compartida y el agradecimiento sincero a Natalia, que volvió a cruzar el océano desde México para ayudarnos un año más.

Porque al final, más allá de sequías y granizos, hacer vino en La Manchuela es un acto de compromiso: con la tierra, con quienes estuvieron antes y con quienes vendrán después.

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