Crónicas de la añada 2025 en La Manchuela: cuando la lluvia devolvió la esperanza

Después de dos añadas extremadamente duras, la añada 2025 quedará en nuestra memoria por algo tan sencillo —y tan extraordinario últimamente— como volver a ver llover. Tras años de sequía extrema que llevaron a las cepas al límite, incluso provocando la muerte de algunas plantas, el viñedo por fin respiró. La lluvia trajo de vuelta las hierbas al campo y las flores a la primavera, recordándonos cómo debería ser el ciclo natural de La Manchuela.

En Bodegas Gratias, vivir una añada es mucho más que medir datos: es observar cómo el equilibrio climático, cuando aparece, transforma todo.

Un ciclo más lento y equilibrado

El año comenzó con un invierno más lluvioso y una primavera fresca, con temperaturas moderadas durante la floración y el cuajado. Julio transcurrió sin apenas olas de calor, algo cada vez menos habitual, y eso se tradujo en un envero más tardío y una maduración pausada.

El conocido Coloraíllo se retrasó aproximadamente una semana respecto a años anteriores, dando lugar a vinos con un perfil más fresco. A día de hoy, ese equilibrio ya se percibe en nuestros vinos, como en el Grys en barrica, que muestra mejor acidez, menor grado alcohólico y una expresión más fina y elegante.

Agosto puso todo patas arriba

Pero el viñedo nunca da tregua. A mediados de agosto, una intensa ola de calor azotó la comarca durante más de quince días consecutivos. El riesgo de deshidratación nos obligó a acelerar la vendimia en variedades tempranas como el Macabeo, trabajando contrarreloj para preservar la fruta.

Con la llegada de septiembre, el escenario volvió a cambiar: noches más largas, mañanas frescas y un ritmo más calmado que nos permitió retomar una vendimia pausada en las parcelas de Bobal. Eso sí, este año se rompió otro patrón: no hubo tormentas típicas de final de verano, y la vendimia se alargó hasta octubre con la Tardana de Villatoya.

El granizo, una amenaza persistente

Si hay un enemigo recurrente en nuestra región, ese es el granizo. De nuevo, unas semanas antes del envero, volvió a caer con fuerza en Villatoya, afectando a las parcelas de Tardana que aún se estaban recuperando de la catastrófica granizada de 2023.

El resultado es, una vez más, una añada corta en términos de producción, especialmente en estas viñas. En los últimos años hemos sufrido tres episodios casi consecutivos: 2022, 2023 y 2025. Una realidad dura que explica por qué defender el viñedo hoy es un acto de compromiso y resistencia.

Personas que suman

La vendimia también es tiempo compartido. Este año queremos agradecer especialmente a Celia, nuestra estudiante en prácticas, por su energía, su ayuda constante y esas conversaciones que hacen más llevaderos los días largos en el campo. Contar contigo durante esta vendimia ha sido un auténtico placer.

La añada 2025 nos deja una lección clara: cuando el clima acompaña, aunque sea a ratos, el viñedo responde. Y nosotros seguiremos aquí, adaptándonos, aprendiendo y dando gracias a esta tierra que, incluso en los años difíciles, sigue mereciendo todo nuestro respeto.

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